La ilustración española alanza su máximo esplendor durante el reinado de Carlos III, artífice e impulsor de la modernidad y el progreso del país. Este proceso de renovación se ve interrumpido por la Revolución Francesa y la invasión napoleónica.
La literatura española del siglo XVIII recibe el nombre de Neoclasicismo.
La poesía del siglo XVIII
Juan Meléndez Valdés y sus Odas anacreónticas.
Oda VII, De lo que es amor
Pensaba cuando niño
que era tener amores
vivir en mil delicias,
morar entre los dioses.
Mas luego rapazuelo
Dorila cautivome,
muchacha de mis años,
envidia de Dïone,
que inocente y sencilla,
como yo lo era entonces,
fue a mis ruegos la nieve
del verano a los soles.
Pero cuando aguardaba
no hallar ansias ni voces
que a la gloria alcanzasen
de una unión tan conforme,
cual de dos tortolitas
que en sus ciegos hervores
con sus ansias y arrullos
ensordecen el bosque,
probé desengañado
que amor todo es traiciones
y guerras y martirios
y penas y dolores.
Los fabulistas Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego
El sapo y el mochuelo
Escondido en el tronco de un árbol
estaba un mochuelo,
y pasando no lejos un sapo,
le vio medio cuerpo.
«¡Ah de arriba, señor solitario!
-dijo el tal escuerzo-.
Saque usted la cabeza y veamos
si es bonito o feo».
«No presumo de mozo gallardo
-respondió el de adentro-, 10
y aun por eso a salir a lo claro
apenas me atrevo!;
pero usted, que de día su garbo
nos viene luciendo,
¿no estuviera mejor agachado
en otro agujero?»
estaba un mochuelo,
y pasando no lejos un sapo,
le vio medio cuerpo.
«¡Ah de arriba, señor solitario!
-dijo el tal escuerzo-.
Saque usted la cabeza y veamos
si es bonito o feo».
«No presumo de mozo gallardo
-respondió el de adentro-, 10
y aun por eso a salir a lo claro
apenas me atrevo!;
pero usted, que de día su garbo
nos viene luciendo,
¿no estuviera mejor agachado
en otro agujero?»
¡Oh, qué pocos autores tomamos
este buen consejo!
Siempre damos a luz, aunque malo,
cuanto componemos,
y tal vez fuera bien sepultarlo.
Pero ¡ay, compañeros!,
más queremos ser públicos sapos
que ocultos mochuelos.
Tomás de Iriarte
este buen consejo!
Siempre damos a luz, aunque malo,
cuanto componemos,
y tal vez fuera bien sepultarlo.
Pero ¡ay, compañeros!,
más queremos ser públicos sapos
que ocultos mochuelos.
Tomás de Iriarte
El teatro neoclásico: Leandro Fernández de Moratín
El sí de las niñas

